San Martin

UN DÍA COMO HOY, PERO DEL AÑO 1850 FALLECÍA, EN BOULOGNE SUR MER, FRANCIA, EL GENERAL JOSÉ FRANCISCO DE SAN MARTÍN.

La Historia oficial nos enseñó que era el Padre de la Patria. Nos contó que nació en Yapeyú –aunque no nos dijo que hablase, además de castellano, el guaraní, propio de esa zona– que después estuvo dos años en Buenos Aires y al cumplir los seis, se fue con su familia a España.

Nos dijo que decidió regresar al Río de la Plata, tras haber batallado más de 20 años en el ejército español, para sumarse a una revolución antiespañola que había estallado el 25 de mayo de 1810.

Volvió en 1812 para llevar a cabo su objetivo, pero no lo hizo solo claramente. La historia oficial a veces calla algunas voces, y no nos muestra a protagonistas que lucharon no solo como compañeras de tropa sino como mujeres al frente que combatían también y que fueron generalas.
Es por ello que es importante conocer la historia completa, lo que implica destacar, no solo la figura de un hombre como Padre de la Patria sino también a las mujeres que combatieron ni atrás, ni al costado… sino al frente junto a ellos.

Voy a nombrar a Manuela Sáenz, Manuelita por ejemplo, nacida en Quito. La historia intentó recordarla por su amorío con Simón Bolivar. No obstante, mucho antes de su amor con Bolivar había sido titulada con la orden de “Caballeresa del Sol” por José de San Martín en las luchas por la independencia. Ya se había convertido en una brava amazona en su infancia, mientras vivían en el campo (y su madre intentaba enseñarle a comportarse en sociedad), ya había ido al convento (donde duró poco por su espíritu rebelde), había aprendido a leer y a escribir, cuando Bolívar llegó a su vida y tuvieron un amor señalado y también admirado por la mezcla entre lucha, revolución y cariño que le ponían.

Como buena heroína, tuvo que salvarle la vida en una ocasión, y por eso pasaron a llamarla “la libertadora del libertador” ¿lo sabían?. Antes o después de Bolivar, con Bolivar o sin él, Manuela demostró ser lo que era. Y nadie supo esto mejor que el mismo Simón Bolivar.

También puedo nombrar así, otras mujeres libertarias como Juana Azurduy quién logró una victoria clave un año antes; Remedios del Valle quién decidió unirse al Ejercito del Norte, Martina Céspedes que junto a Manuela Pedraza fueron grandes heroínas de las invasiones inglesas cuatro años antes. Todas, tan importantes…

Sin embargo, para finalizar, no debemos olvidar y es preciso tener en claro quién era San Martín: era, junto a Bolivar, no solo el Padre de nuestra Patria, sino un Libertador que quería la América Latina que estamos gestando hoy.

El verdadero San Martín era nacional, latinoamericano, en tanto luchó por la liberación y unificación de varios países, admiró a Bolivar y respetó a los pueblos originarios a quienes llamaba “nuestros paisanos, los indios”; popular, en tanto escribió “odio todo lo que es lujo y aristocracia”.

Con un Padre de la Patria y unas heroínas con estas virtudes ¿Cómo no nos vamos a encaminar ahora hacia una América Latina libre, unida e igualitaria?

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